Piero Leone, humanista y hombre cabal
6 de Septiembre de 2011 | Por Carlos Abel Suarez | Categoría: Sociedad y Justicia
Conocí a Piero Leone en los años sesenta cuando vino a Buenos Aires en nombre de un grupo italiano de la IVa Internacional que había roto con el Secretariado Unificado residente en París, Entre el 70 y el 75 milité y colaboré con él, que era el secretario general de ese grupo pomposamente llamado partido, en el comité de redacción y en las tareas de impresión del periódico Lotta Operaia. Allí aprendí a apreciar su honestidad a toda prueba y su generosidad, sobre todo cuando viví con él, su primera compañera y su hijito. Fue él –mi amigo y un hombre intachable- quien pocos años después me comunicó, temblando, mi expulsión sin discusión alguna –por heterodoxia política o múltiples herejías, según se prefiera- de la dirección de un partido donde hasta el día anterior a mis críticas ambos colaborábamos fraternalmente. Le dije entonces, en Roma, ante el Panteón, que él también era demasiado honesto intelectualmente como para no ser expulsado, cosa que sucedió pocos meses después. Desde entonces mantuvimos siempre una estrecha amistad y, en mis esporádicos viajes a Roma, Piero nos alojaba en su casa a mí y a mi compañera y allí podíamos ver y escuchar sus progresos como pianista y flautista o con la viola da gamba y escuchar sus composiciones o leer sus trabajos de ficción filosófica.
Piero, en efecto, había estudiado filosofía pero su pasión eran la música y los problemas sociales. Formaba parte de un coro internacional de música antigua y se divertía interpretando papeles. Formó también un coro con y para los condenados en la cárcel de Rebibbia. Como profesor secundario era muy apreciado por su franqueza, paciencia y preocupación humana y muy respetado por sus alumnos. Como sindicalista, mantuvo siempre una posición principista y como militante de diversas organizaciones (Amnisty International, entre muchas otras) estaba presente en todas las campañas.
Piero se autodefinía políticamente “un cane sciolto”, un perro sin patrón, pero era socialista de izquierda, revolucionario, desde el momento lejano en que, siendo dirigente de la numerosa Juventud del Partido Socialista Italiano de los años 50 se acercó al pensamiento de León Trotsky optando por una vía militante que jamás abandonó. Lo recuerdo bajando en bicicleta por la escalera del Campidoglio para llegar antes a una cita, por supuesto, clandestina, que su medio de transporte tornaba pública de inmediato o durmiéndose en pie y tambaleándose de cansancio, mientras paseaba de un lado a otro en brazos a su hijito al cual no conseguía trasmitirle su ansia de dormir. Muerta su compañera Silvia, que él amó y que le dio una hija, después encontró nuevamente, ya maduro, otra compañera que lo supo querer y comprender. Desgraciadamente, una enfermedad cardiovascular le dio un primer golpe, del cual se repuso a duras penas y después acabó con su vida.
Piero era un hombre creativo y lleno de cariño por los amigos, además de una persona culta, era un humanista apasionado por todas las artes y dedicado a la liberación de la Humanidad no sólo de la alienación y la explotación resultantes del capitalismo sino también de plagas multimilenarias como el racismo, la opresión de género, el nacionalismo xenófobo, la capa de plomo de las religiones. Fue un hombre que preparó humildemente un mundo más humano, un hombre cabal, un compañero, un hermano. Guillermo Almeyra, 5-09-2011