Don Ser y Don No-Ser
16 de Agosto de 2010 | Por Carlos Abel Suarez | Categoría: CulturaPor Marcos Winocur
Don Ser estaba lleno de sí mismo. No por infatuado sino por completo. Nadie de los suyos faltaba a la fiesta. Al centro de una de las salas, rodeado de mariscales, Napoleón vistiendo manto de emperador. Cerca, dándole ostensiblemente la espalda, Beethoven, que a su vez buscaba sacarse de encima a Rossini. “L’opera bufa, l’opera bufa”, clamaba éste. Pero Beethoven estaba ocupado con la Sinfonía Heroica, o mejor dicho con la dedicatoria de la obra. Había sido para Napoleón el revolucionario, y moría bajo el manto de Napoleón el emperador. La dedicatoria en nueva versión daba al gran hombre por muerto: <<A la memoria de un gran hombre>>.
Y todos los esfuerzos del anfitrión por reconciliar a Beethoven con Napoleón, al genio de la música con el genio de la espada, resultaron infructuosos. En cambio, miren quienes departen amablemente… los mexicanos Zapata, Obregón, Carranza, Villa, Madero, Huerta y Don Porfirio. ¿Era antes de la revolución? Sí, porque en el segundo piso, Huerta fusilaba a Madero, Don Porfirio había salido del país, los otros tomaban las armas.
Otro grupo compartía una animada charla. Se contaban Mafalda, Superman, vestido de Clark Kent, Burt Simpson, Popeye, Donald y dando explicaciones por la ausencia de Batman, el infaltable Robin: es que está con el alcalde, en un momento se nos reúne.
Einstein tocaba el violín.
Un inmenso salón anexo estaba ocupado por los abonados que figuran en el repertorio telefónico de la ciudad de Londres.
En otro, más pequeño, se pasaba lista a los pasajeros del Titanic.
En un rincón, cuchicheaban Mefistófeles, Lucifer y Satanás. Dios no les quitaba el ojo de encima, lo cual no le resultaba difícil puesto que Dios está en todas partes. En fin, nunca terminaríamos de confeccionar la lista de invitados pues a cada momento se sumaban más y más. Todos compartían un rasgo, encontrarse actualizados en el ser, es decir, existir cada uno por su lado, cada uno con márgenes propios.
Don Ser estaba al tanto de todo y no cabía en sí de contento por el éxito de la fiesta, cuando en eso… alguien dijo que a la puerta estaba Don No-Ser. Cundió el pánico. ¿Cómo lo sabe, cómo lo sabe? se alzaron voces. Por la dificultad que estamos experimentando para ser, algunos explicaron, y en el acto todos quedaron paralizados. Se hizo un silencio de cementerio en un territorio de estatuas, algunas en patéticas poses. Todos paralizados menos Don Ser, quien rápidamente se hizo cargo de la situación:
-Muy bien ¿dicen que el enemigo está a la puerta? Allí quedará. Al Don No-Ser, lo suyo: lo dejaremos no-entrar y su no-presencia será no-considerada por nosotros. Y levantó la copa:
-Brindo para que Don No-Ser nunca sea y para que Yo nunca deje de ser.
Y en el acto se quebró el hechizo, todos recobraron el movimiento y la palabra , sumándose al brindis.