Argentina: la derecha en crisis
12 de Julio de 2010 | Por Carlos Abel Suarez | Categoría: PolíticaPor Guillermo Almeyra
La derecha, que en las elecciones parlamentarias del año pasado le quitó
la mayoría en ambas cámaras al gobierno y a sus aliados, y esperó
construir una aplanadora en el Congreso para ir preparando un golpe de
Estado institucional que acorralase a la presidenta Cristina Fernández,
la desestabilizase, como hizo la democracia cristiana en Chile con
Salvador Allende, y eventualmente la obligase a renunciar, está
recogiendo decepción tras decepción, en parte debido a las iniciativas
gubernamentales, en parte por los efectos de la crisis internacional
sobre la economía argentina.
La derecha, para imponerse en ambas cámaras necesita también arrastrar
tras de sí los pequeños bloques de los partiditos y agrupaciones de
centro y hasta de centroizquierda, que se unen a ella por odio al
gobierno, como los socialdemócratas de derecha que controlan la rica y
populosa provincia de Santa Fe y la mayoría del Partido Socialista, o
como el grupo centrista de Pino Solanas-Claudio Lozano (Proyecto Sur).
Ahora bien, la histórica división del peronismo es ahora un factor de
división de la derecha y no del gobierno kirchnerista porque la extrema
derecha peronista (desde el ex presidente Carlos Menem, pasando por el
ex gobernador santafesino Carlos Reuteman y el fascista ex gobernador de
San Luis, Adolfo Rodríguez Sáa y llegando hasta el narco-fascista
Francisco de Narváez y el semifascista gobernador de la ciudad de Buenos
Aires, Mauricio Macri) odia al kirchnerismo y a la base político social
del mismo (la Confederación General del Trabajo, CGT, y la mayoría de la
Central de los Trabajadores de Argentina, CTA) pero es odiada a su vez
por la tradicional derecha antiperonista (como la Unión Cívica Radical,
que es liberal de derecha, más sus escisiones, como la Concertación
Cívica de Elisa Carrió u otros grupos semejantes, más la
socialdemocracia, y es aborrecida por los centristas
liberal-democráticos). Otra línea divisoria en la derecha nace del apoyo
que le da la jerarquía de la Iglesia católica, empeñada en oponerse a
los Kirchner, porque los liberales clásicos (como los socialistas o
Solanas y parte de los radicales) defienden el divorcio, el aborto, el
casamiento entre personas del mismo sexo, la enseñanza laica y también
la ley de medios que la otra derecha “peluda” en cambio abomina porque
le quita poder.
Aprovechando esta fragmentación, que hasta ahora ha impedido a la
derecha social formar un solo bloque político y encontrar un líder, el
gobierno ha favorecido a las provincias y financiado en ellas
importantes obras, lo cual quita entusiasmo opositor a los gobernadores
no kirchneristas, ha concedido 65 dólares mensuales por cada hijo menor,
fomentando la escolaridad, ha impuesto contra viento y marea su ley de
medios, lucha con la misma decisión contra las trabas clericales y
oscurantistas que existen en la sociedad y, sobre todo, ha hecho
promulgar una ley que establece la obligatoriedad de elecciones internas
en los partidos para elegir el año próximo sus candidatos para las
cámaras, las gobernaciones, las municipalidades y la presidencia de la
República, además de eliminar los impuestos a quienes ganen menos de mil
200 dólares mensuales. Como resultado, la derecha está hecha pedazos y
los Kirchner, si esta situación se mantiene, quizás venzan con cerca de
30 por ciento a una derecha dividida que, si estuviera unida, abarcaría
casi el doble de electores pues tiene fuerte influencia en los sectores
de las clases medias urbanas y rurales e incluso en amplios sectores de
los trabajadores.
Para colmo, la derecha le apostó a la crisis, a la desocupación y al
hambre, esperando que desgastasen al gobierno. Pero, a diferencia de
otros países, hasta ahora la crisis no afectó demasiado al país, donde
la desocupación disminuye, los salarios reales se mantienen o aumentan,
la producción industrial, la construcción de viviendas de lujo o de
segunda habitación y las obras públicas van viento en popa y la
producción de autos, para exportar a Brasil, bate récords históricos.
Por si eso fuera poco, acabada la sequía, se obtuvieron cosechas
extraordinarias (y exportaciones sin precedentes, sobre todo a China),
de modo que la reserva de divisas supera los 50 mil millones de dólares
(no obstante la repatriación de buena parte de la deuda, pagándola con
ellas) y el Estado tiene ingresos enormes en las recaudaciones y en la
balanza de pagos a pesar del aumento de las importaciones.
Para muestra basta un botón: la cosecha gruesa en la provincia de
Córdoba rindió 22.2 millones de toneladas de granos (el récord nacional
había sido 23.8 en el ciclo 2007-2008) por un valor de casi 7 mil
millones de dólares, casi mil millones más que en la cosecha anterior.
Eso significa que los pequeños propietarios que rentan sus tierras y se
han ido a las ciudades seguirán comprándose autos de lujo y
departamentos. Córdoba es sólo una de las provincias cerealeras, y no la
más grande, pues Buenos Aires y Santa Fe son aún más ricas. Esa
prosperidad impulsa la producción de maquinaria e insumos, da trabajo en
pueblos y ciudades, aumenta el consumo interno… y otorga divisas para la
política distributiva del gobierno en este periodo prelectoral, al mismo
tiempo que les quita combatientes posibles a los líderes sociales de la
derecha en “el campo” (o sea, a los fideicomisos soyeros, a los
terratenientes de la Sociedad Rural Argentina, a sus agentes
reaccionarios en la Federación Agraria, todos ellos constituyentes del
bloque social y económico de la derecha política). Ahora bien, a menos
que China entre en una profunda crisis y deje de comprar forrajes
argentinos y de que Brasil se hunda y no compre más autos, el viento
sopla a favor de los Kirchner. Hasta se podría decir que menos mal…
11-7-2010