El mayo griego

9 de Mayo de 2010 | Por Carlos Abel Suarez | Categoría: Destacados

El mayo francés, en 1968, fue fruto del hartazgo y la esperanza. El mayo
griego, en cambio, es hijo del repudio al sistema social y de la
desesperación.
Por eso, mientras el primero se expandió rápidamente por todo el mundo,
desde México a China, de Argentina a Checoslovaquia, de Estados Unidos a
Brasil e Italia, la rebelión de campesinos, obreros, trabajadores en
general, funcionarios, profesores, estudiantes, artesanos y pequeños
comerciantes e industriales ha creado en Grecia un frente único, por
arriba de las clases, entre sectores que hoy están unidos por la
voluntad de no pagar la crisis que no provocaron y de la que son
víctimas, pero probablemente sólo encontrará eco, en lo inmediato, en
las próximas víctimas del capital financiero y de su especulación contra
el euro.

O sea, en España y Portugal, y quizás en Italia, porque una de las
características de la actual crisis capitalista –la mayor en la historia
del sistema, que abarca todo el mundo– es que hasta ahora ha enfrentado
escasas manifestaciones masivas de protesta en Europa. En efecto, el
descreimiento en la idea misma de la factibilidad de una alternativa
anticapitalista –provocado por el inglorioso derrumbe de los partidos y
gobiernos que decían ser comunistas o por la transformación de los
partidos comunistas chino y vietnamita en promotores del capitalismo
salvaje y, también, la extrema debilidad de la izquierda anticapitalista
en casi todos los países– da como resultado que la rabia se canalice
hacia los enfrentamientos étnicos, como en Bélgica y Ucrania, y detrás
de las derechas xenófobas, en Francia o Italia.

Mientras en Grecia la crisis brutal organizada por Goldman Sachs y el
capital financiero internacional, con la complicidad activa del gobierno
de la derecha, se dio casi al día siguiente de una gran movilización
contra ésta y del voto aplastante en favor del Partido Socialista, o
sea, encontró una población ya militante y luchando con esperanzas de
cambiar, en los otros países, salvo parcialmente en Francia y Alemania,
la desmovilización, el desánimo y la falta de esperanzas en una
alternativa refuerzan la hegemonía política y cultural del capitalismo,
y dan base para derechas disímiles, como la española, la húngara, las
italianas berlusconiana, semifascista o de la Liga Norte, y la
austriaca, las cuales tienen en común el racismo y el chovinismo, y
combaten la unidad y los sentimientos solidarios entre los trabajadores,
los estudiantes y técnicos jóvenes que esporádicamente resisten.

Por eso, el ejemplo griego, probablemente, encontrará más apoyo entre
los estudiantes, los jóvenes desocupados o con empleos temporarios y mal
pagados, y entre los inmigrantes y los indocumentados que son una buena
parte de los obreros, pero están divididos de los demás explotados; pero
en lo inmediato no motivará a las masas en la mayor parte de los países
europeos. Por el contrario, Grecia seguramente alentará las acciones
combativas de los movimientos sociales urbanos en América Latina que no
tienen el freno, existente en Europa, de los partidos socialdemócratas.

Pero hay que contar con la voracidad y la ceguera del capital
financiero, que está especulando contra el euro y contra la inestable
Unión Europea (UE), y apuesta al derrumbe de Portugal y de España y a
condicionar aún más a la maltrecha Italia. Ahora bien, en Portugal, a
diferencia de los dos últimos países, el Estado es frágil, como en
Grecia; la burguesía, como la griega, es débil, y la izquierda
anticapitalista es poderosa y tiene detrás de sí el recuerdo de la
Revolución de los Claveles. Y en España la crisis económica se une con
los comienzos de una crisis de dominación que hace resurgir el
antifascismo, la polarización política y la necesidad de la República.
Una situación a la griega en los países mediterráneos meridionales
podría difundir el mayo griego por toda Europa occidental del sur.

Sin embargo, a diferencia del mayo francés, que puso en la orden del día
la lucha contra los aparatos (de los grandes partidos comunistas y de
las burocracias sindicales), el mayo griego estalla cuando los órganos
estatales de mediación (Iglesia, partidos, burocracias sindicales) están
muy desprestigiados y debilitados, al igual que las instituciones. Pero
lo hace sin consignas ideales subversivas.

En la actualidad, los griegos luchan contra la utilización capitalista
de la crisis capitalista para aumentar la desocupación, reducir los
ingresos reales y los salarios, destruir las conquistas históricas de
los trabajadores. Están unidos por el /no/ al Fondo Monetario
Internacional y la UE, y por el rechazo a la sumisión del gobierno
socialdemócrata ante el /diktat/ del capital financiero. Pero no
formulan consignas ni siquiera posibles en lo inmediato, como la
expropiación de los bancos, impuestos al gran capital, rechazo a las
deudas contraídas fraudulentamente por la derecha, expropiación de los
bienes de los irresponsables y corruptos, para tener un fondo para la
importación de alimentos en caso de default. Aún están bajo el /shock/
resultante de la desilusión derivada de haber votado masivamente contra
las políticas hambreadoras de la derecha y de ver a los socialistas, que
las denunciaban, aplicar otras peores poco tiempo después; aún
protestan, pero dentro de los marcos del sistema, y su radicalismo está
en los métodos, pero todavía no en el pensamiento. Sin embargo, todavía
no han dicho la última palabra.

Guillermo Almeyra     9-5-2010

Un comentario
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  1. Estimado Guillermo,

    desde mucho el primer artículo inteligente que leo sobre Grecia. Muchas gracias y espero que estés muy bien, igual que tus más cercanas/os.

    Atte.
    Matías Gossner
    Tirol, Austria

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