El ejemplo griego
15 de Marzo de 2010 | Por Carlos Abel Suarez | Categoría: DestacadosGrecia resiste con huelgas generales nacionales y con combativas manifestaciones
populares los terribles ajustes económicos que intenta aplicarle el capital
financiero internacional. En efecto, son brutales –un verdadero remedio de
caballo– las medidas drásticas destinadas a reducir la deuda (que supera en 113
por ciento el producto interno bruto) y el déficit público (de 12.7 por ciento
del PIB) para hacer que la economía helena cuadre con los parámetros de
Maastricht, o sea, que el déficit público no vaya más allá de 3 por ciento anual
(cosa que ni Francia ni Alemania cumplen).
La congelación de los salarios, la reducción de 10 por ciento en las pensiones y
jubilaciones y en los ingresos de los empleados públicos –el Estado es, de
lejos, el principal empleador del país–, la prolongación de 65 a 67 años de la
edad para jubilarse (en un país donde la expectativa de vida de los varones
apenas supera los 75 años), el aumento de tres puntos en el IVA, la parálisis de
las obras públicas y la reducción de los aportes estatales para la sanidad, la
educación y los servicios en general, son medidas que equivalen a una
expropiación lisa y llana de sus asalariados (que constituyen un tercio de la
población) y de los pequeños campesinos minifundistas, con tierras áridas y poco
productivas, y los trabajadores por cuenta propia de los servicios que, con los
rurales, representan tres cuartas partes de la población económicamente activa
de Grecia.
Ésta, en efecto, si se exceptúa la industria de construcción naval, vive del
turismo y de la pequeña producción semiartesanal, y su agricultura y su pesca
están orientadas a satisfacer el mercado interno de un país que sólo tiene la
mitad de la población del Distrito Federal mexicano.
Grecia se endeudó terriblemente con los gobiernos conservadores a los que la
gran empresa financiera Goldman Sachs, una de las principales responsables de la
crisis financiera mundial actual, prestó dinero con usura (garantizando sus
préstamos ilegales, entre otras cosas, con los ingresos aduaneros o de la
lotería griegos) y ahora la crisis le pasa la factura de la fiesta al gobierno
socialdemócrata de Georgios Papandreou (que, por supuesto, no vacila cuando hay
que optar entre la defensa del capital y la de los trabajadores y actúa como
verdugo de los bancos). Hay que recordar que Atenas tuvo que comprar gran
cantidad de armas a Alemania y a Francia para defenderse de Turquía, pero las
finanzas europeas, como todos los banqueros, no tienen memoria para agradecer
los buenos negocios sino sólo para cobrar hasta el último peso que se les debe.
Sin embargo, Italia tiene una deuda pública superior y España tiene seis puntos
más de desocupación que la desdichada Grecia, pero la Unión Europea no les lanza
ultimátum ni las pone en libertad vigilada, como hace con Atenas. Es que detrás
del ataque contra Grecia se suma la ofensiva del capital especulativo
estadunidense e inglés para poner en serias dificultades al euro y a la propia
UE, más el deseo de la gran banca franco-alemana de poner un ejemplo con Grecia
antes de que la crisis sea aún más grave en países más grandes, como Italia o
España, o se extienda a los países-mendigos de Europa oriental recién
incorporados a la UE, más la voluntad de los conservadores gobiernos alemán y
francés de golpear a los socialdemócratas griegos (e, indirectamente, a los
españoles y portugueses) y de poner en su lugar a los países meridionales
segundones que, por su siglas en inglés, llaman PIGS (Portugal, Italia, Grecia y
Spain, o sea, España), es decir, “cerdos”.Lo que pasa en Grecia, en resumen,
forma parte de un plan angloestadunidense contra el euro y contra la Unión
Europea, y de un intento del gran capital europeo por inclinar aún más a su
favor la relación de fuerzas entre trabajo y capital, aprovechando la reducida
industrialización del país desde que su incipiente industria fuera devastada por
la ocupación nazi-fascista de Mussolini-Hitler y por la guerra civil posterior
para sacarse de encima la ocupación inglesa y la monarquía profascista.
Pero el capital no ha contado con la politización y las tradiciones del pueblo
griego, que es el pueblo de Poliopoulos, el líder comunista partidario de
Trotski fusilado por los fascistas, y su arqueomarxismo, mayoritario entre el
proletariado griego de antes de la guerra, el pueblo también de los kapetanios
que durante la guerra civil dirigieron la insurrección contra los ingleses y la
política stalinista de alianza con éstos y que sigue siendo un pueblo de
izquierda y antimperialista.
Hoy los trabajadores griegos insurgen al grito: “¡que la crisis la paguen los
plutócratas!”, se movilizan y recurren a la acción directa y a la
autorganización, pasando sobre el gobierno de Papandreu. El pueblo griego
resiste formando un frente único contra las resoluciones y las instituciones
estatales y contra la UE ( que es una alianza de los capitales europeos que
desprecia la historia, la cultura, la sociedad) y la escasa energía de la
policía y las vacilaciones en las fuerzas armadas indican que los trabajadores
influencian, con su acción anticapitalista y antimperialista, a las fuerzas
nacionalistas presentes también en las clases medias griegas.
Las luchas aún no pasan del nivel de la oposición resuelta al de las propuestas
de soluciones anticapitalistas alternativas. Pero esta necesidad flota ya en el
ambiente y saca a luz los anteriores ejemplos históricos nacionales. Por eso,
muy probablemente la Unión Europea no podrá sacar de Atenas su libra de carne
cual nuevo Shylock, y tendrá que buscar aliviar la crisis para evitar que de
Grecia, ese pequeño país casi latinoamericano instalado en el sótano de Europa,
venga un ejemplo para Italia, España y el mundo, y se haga realidad eso de que
la crisis la paguen los plutócratas, no sus víctimas.
Guillermo Almeyra
15-03-2010