México, ¿hacia la bordaberrización?

15 de Febrero de 2010 | Por Carlos Abel Suarez | Categoría: Mundo

El gobierno conservador-clerical destruye el país, roba el dinero a los
jubilados y hace más pobres a los que menos tienen. Le cobra impuestos a
las pensiones y jubilaciones y con la inflación, los despidos y el
congelamiento salarial reduce aún más el ingreso de la mayoría de la
población. A la burla añade la injusticia, la prepotencia y una política
impositiva antipopular que achica el mercado interno. Calderón ata la
economía mexicana a una recuperación de la estadunidense cuando la
crisis europea potencia una nueva recaída de la crisis en Estados
Unidos. Las clases trabajadoras mexicanas pierden ingresos y conquistas,
las empresas medias se debaten al límite de la supervivencia porque el
gobierno, que transforma al país en una parte de Estados Unidos y hace
que las trasnacionales y la banca extranjera dicten sus políticas
económicas, sigue destruyendo las bases del desarrollo nacional. Como
antes de la Reforma, la medieval jerarquía de la Iglesia cogobierna con
Calderón e intenta fijar las políticas educativas y sociales. Como
durante el Porfiriato, los oligarcas en cada estado y las fuerzas
armadas son la base de un gobierno ilegal e ilegítimo, sin consenso, que
se sostiene por la violencia armada y por la corrupción y sumisión del
aparato judicial y que engendra más violencia con su política social.
Caen las remesas, disminuyen los turistas, el petróleo aporta menos al
presupuesto, la crisis mundial amenaza la estabilidad de los bancos en
México mientras el gobierno miente hablando de un rápido crecimiento
inmediato de una economía que sigue cayendo. La delincuencia es fruto de
la corrupción oficial, de la crisis económica, de la falta de empleos,
de la destrucción sistemática del sistema educativo, pero el gobierno
finge creer que es sólo un problema policial, mientras se prepara a
agravarla empeorando la actual Ley Federal del Trabajo, para reducir aún
más las conquistas y garantías de los trabajadores y aumentar la tasa de
ganancia de los explotadores. El gobierno da también a esos oligarcas
desenfrenados todos los negocios que puede: la electricidad y la fibra
óptica en el valle de México, la refinación en Estados Unidos del
petróleo que exporta crudo, la construcción de obras públicas, y no hace
nada para edificar viviendas populares, para mejorar el sistema
sanitario y las pensiones, para dar trabajo y aumentar el bienestar
social, para salvar a los mexicanos más pobres de la destrucción
ambiental (inundaciones, deslaves y sequías).

Este es un intolerable gobierno antinacional, antidemocrático, que
pisotea diariamente la Constitución y que da a las fuerzas armadas un
papel de pretorianos y policías ajeno a sus funciones constitucionales,
mientras entrega el país al capital extranjero y lo pone a las órdenes
de Washington. Es un gobierno peligroso que debe ser expulsado lo antes
posible de las palancas de mando de la economía y de la vida
institucional mexicanas. Ahora se apoya en los militares que le dictan
su política, pero mañana puede ser simplemente la fachada civil de un
comando militar, dentro de los planes de Estados Unidos (Colombia,
Haití, Honduras) como lo fue el presidente uruguayo Juan María
Bordaberry. ¿Alguien en sus cabales puede creer que México es capaz de
salir de la crisis mediante una hipotética victoria electoral en 2012
para recién entonces poner en marcha una utópica e ineficaz política
neodesarrollista que subsane los desastres causados por los neoliberales
del PRI y del PAN desde 1982? ¿México puede esperar hasta 2012? Además,
los que hicieron un fraude descarado en 1988 y en 2006 y militarizaron
el país, ¿van a permitir que les quiten el poder con unos papelitos
electorales que no valen nada si no están respaldados por una
movilización y una organización popular que cambie la relación de fuerzas?

La resistencia a este gobierno es fuerte y permanente. Pero está
fragmentada, es local, puntual. Formula incluso puntos programáticos
importantes, como el Diálogo Nacional o los grupos sociales que apoyaron
a la APPO, crea gérmenes de autonomía y de autogestión, como las juntas
de buen gobierno, pero carece de unidad, de un programa nacional con
objetivos alternativos. Por eso, incluso para ganar eventualmente en las
urnas, hay que unir en un solo frente todas las movilizaciones y
protestas, sin sectarismos, para preparar movilizaciones y una huelga
general en defensa de los jubilados, contra los despidos y la carestía,
por planes de trabajo y la defensa de los campesinos. Sólo la fuerza
popular puede echar a los oligarcas de Los Pinos y preparar una Asamblea
Constituyente donde se decida democráticamente cómo reconstruir México.

Por Guillermo Almeyra  14-2-2010

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