Los dos Pepes: el lobo y el cordero
1 de Diciembre de 2009 | Por Carlos Abel Suarez | Categoría: Mundo
En las seudoelecciones impuestas por los golpistas hondureños, aunque el primer “partido” fue el de la abstención (que abarcó a más del 65 por ciento de los electores), ganó el candidato del partido Nacional, Porfirio “Pepe” Lobo, que había apoyado el golpe de Estado. En Uruguay, en cambio, como se preveía, ganó el del centro-centro-centro-izquierda, el ex tupamaro José “Pepe” Mujica, que derrotó a la alianza de derecha “rosada” (blancos más colorados).
Pero el “Pepe” Lobo podría disfrazarse de cordero ante el hecho evidente del aislamiento de su “gobierno” , la ilegalidad e ilegitimidad de las elecciones y de su resultado y la continuidad y profundidad de la resistencia popular. Para salir al paso de la conquista popular de una Asamblea Constituyente, en efecto, podría intentar un contrafuego preparando y negociando con el ala más moderada del zelayismo una reforma de la Constitución aceptable para Estados Unidos y para las clases dominantes, como parece indicar, con sus declaraciones, Oscar Arias, que no es más que el muñeco de ventrílocuo, hispano y morenito, del Departamento de Estado.
De este modo aparece un nuevo desafío a lo conseguido en estos meses de lucha contra el golpe o sea, juntar la mayoría detrás de la defensa de la democracia y de una Constituyente, borrar los partidos tradicionales, organizar la lucha por vías no institucionales en torno a un partido-movimiento (el Movimiento Nacional de Resistencia) apoyado en movilizaciones constantes, con el eje en los maestros, estudiantes, campesinos e indígenas. Porque al oportunismo de quienes esperan tener alguna posición muy secundaria y subordinada dentro del régimen oligárquico ya que participaron en la farsa electoral se agregaría ahora otro aún peor: el de quienes creen negociar con la oligarquía sacando provecho de la resistencia popular.
A ese desafío sólo se lo puede encarar profundizando y organizando la Resistencia en una tarea de largo aliento que permita ir construyendo un programa alternativo en la lucha de masas, combinando todos los medios y utilizando todos los resquicios legales para, en la defensa de la democracia, construir elementos de poder local.
El otro “Pepe”, el oriental, en su discurso al conocer el resultado electoral y en su programa de gobierno, demostró ser más que moderado. Más papeleras extranjeras, más substitución de la producción de alimentos por la soya y por los eucaliptus, política neoliberal a ultranza dirigida por Danilo Astori, un “socialista” a la derecha de la socialdemocracia. O sea, todo lo contrario de lo que reza el himno: “la Patria o la tumba”. Además, borrón y cuenta nueva en lo que respecta al pasado y propuesta a la derecha de construir la unidad nacional (que, por supuesto, aquélla no acepta ni borracha). Por eso el Frente Amplio no luchó para ganar la aprobación al referéndum sobre el juicio a los torturadores y opresores y por eso Tabaré Vásquez vetó una ley que permitía el aborto, aprobada en el Congreso por su partido y por toda la izquierda pero rechazada por toda la derecha.
Sin duda Mujica, a diferencia del oligarca Luis Lacalle, podrá hacer concesiones en la asistencia social a los más pobres y los desocupados, según el modelo de Lula, y eso, para aquéllos, será importante pues les podría permitir comer dos veces por día. Sin duda “el Pepe”, a diferencia de Astori, no es adversario del Mercosur, como la derecha y su victoria ha despertado esperanzas que, ante una rápida desilusión, podrían dar origen a una radicalización de los trabajadores uruguayos, que hoy están a la vez unidos y contenidos por el Frente Amplio el cual sólo ofrece una política de reformismo con reformas raquíticas.
Pero el triunfo del segundo presidente del Frente Amplio ni es estable ni es de izquierda y muy probablemente, a medio plazo, lo diferenciará abruptamente y llevará a un sector importante hacia una política social más radical, que criticará al tan elogiado (por la prensa latinoamericana que está lejos de ser progresista) “Pepe” el Bueno.
En realidad, en los años 70 no faltaron los corderos rabiosos, las ovejas armadas. Mientras por la guerrilla optaban revolucionarios anticapitalistas como los del MIR chileno, el MIR peruano o el ERP-PRT argentino, también lo hicieron nacionalistas reaccionarios con una visión anticomunista, como los dirigentes de Montoneros, liberales peronistas armados o nacionalistas liberales como el brasileño Leonel Brizola o Eden Pastor, el Comandante Uno nicaragüense.. El arma de las ideas era en sus casos muy poco radical y su acción armada tenía objetivos moderados y entraba más bien en las tradiciones de las guerras civiles y las luchas de facciones en la historia latinoamericana, donde lo que se buscaba era la alternancia. Las FARC son la expresión, a la vez, de ese origen y de esos límites políticos y teóricos que las condenan al aislamiento. Entre los tupamaros había, por supuesto, socialistas como Raúl Sendic, pero también conservadores rabiosos que querían retener el Uruguay “de antes” que la mundialización estaba disolviendo. Ahora, con esta crisis del capitalismo que es además una crisis de civilización, estamos llegando al momento en que, como dicen los italianos, “el peine llega a los nudos”. Personalmente, no les veo a ninguno de los Pepes, ni al “Bueno” ni al Malo, ni estabilidad ni futuro.
Guillermo Almeyra
1-12-2009