Sindicato mexicano de electricistas: una lucha decisiva

21 de Octubre de 2009 | Por Carlos Abel Suarez | Categoría: Mundo

 

El gobierno del gran capital presidido por Felipe Calderón está dando un salto cualitativo en su ofensiva antisindical que ya lo llevó a tratar de destruir al sindicato de Mineros y Metalúrgicos con el pretexto de que la dirección del mismo es corrupta y burocrática. Ahora se lanzó contra la industria eléctrica nacional (Luz y Fuerza del Centro) y contra el sindicato de trabajadores de esa empresa, el Sindicato Mexicano de Electricista. Éste es un baluarte tradicional del movimiento obrero, el más democrático de los sindicatos, y desde los años 1930 se rige por asambleas y congresos y por reuniones periódicas de su Comité Central y ha apoyado todas las luchas democráticas en el país, la última de las cuales fue la protesta masiva contra el fraude electoral que en el 2006 llevó a Calderón al gobierno. El sindicato agrupa 43 mil trabajadores y 22 mil jubilados, tiene escuela, escuelas técnicas, publicaciones y es una fuerza política en la capital mexicana. De él dependen cerca de 350 mil personas, que Calderón quiere borrar con su decreto de liquidación de Luz y Fuerza, o sea, de una de las palancas para el desarrollo nacional.

La presidencia de Carlos Salinas de Gortari llevó a su culminación la política neoliberal barriendo a bazukazos la resistencia de los obreros petroleros y encarcelando a sus líderes y Calderón, del PAN, con la complicidad del PRI, busca ahora destruir al SME por la fuerza para acabar con una gran fuerza obrera clasista que está luchando por construir un frente obrero, campesino y popular en torno a un programa de desarrollo nacional (el programa del Diálogo Nacional) en la crisis más grave jamás sufrida por la sociedad mexicana y cuando, en realidad, ya ha comenzado la campaña electoral para las elecciones presidenciales de principios del 2012.

La lucha contra el SME busca, en primer lugar, dar un golpe de muerte al sindicalismo en general y en particular al sindicalismo clasista para dejar las manos libres al gran capital para restaurar la tasa de ganancia extorsionando plusvalía absoluta a los trabajadores al imponerles jornadas más largas, salarios incluso por debajo del costo de reproducción de la fuerza de trabajo que obliguen a toda las familias de trabajadores a recurrir al llamado trabajo informal (subocupación generalizada), la destrucción de las conquistas sociales y de los salarios indirectos (sanidad, educación, transporte subsidiado, vacaciones, indemnizaciones por despido). Por eso los medios hablan todo el día de los supuestos  “privilegios” de los electricistas (que tienen un promedio salarial de menos de 1 700 dólares por mes) cuando los parlamentarios y ministros ganan más de treinta veces que ellos y tienen toda clase de privilegios reales. El gobierno intenta desviar el odio de los sectores medios pobres contra los orberos, para ocultar su papel de sanguijuela y su corrupción.

En segundo lugar, trata de quitarles los dientes proletarios a la protesta social y a la oposición demócratica electoral, que podría radicalizarse y apoyarse en movilizaciones populares y obreras y organizar sus fuerzas. Quitándole el núcleo obrero combatiente y con organización nacional y larga tradición clasista, quiere reducir esa oposición a una polvareda social, a una masa meramente electoral. Hay que decir al respecto que, desgraciadamente, la respuesta de los parlamentarios de los partidos que se autocalifican “de izquierda” ha sido muy débil y que la Otra Campaña, Marcos y el EZLN brillan por su ausencia en la lucha a favor del SME incluso en el terreno más simple, el de los comunicados de apoyo.

Sin embargo esta es una batalla decisiva. El gobierno resultante del fraude descarado, se apoya en sus pretorianos y en el gran capital, pero no tiene bases sociales importantes, entre otras cosas porque se ha lanzado a aumentar el IVA y los impuestos, agravando así

la situación económica de la inmensa mayoría de los mexicanos para sostener la tasa de ganancia de un puñado de financieros extranjeros, de transnacionales y de monopolistas, como Slim. En efecto, uno de los objetivos de la medida es regalar el mercado de la electricidad en la zona más poblada de México a la iniciativa privada y regalar el mercado de las comunicaciones con fibra óptica a Slim y otros grandes capitalistas nacionales y extranjeros, precisamente cuando Luz y Fuerza y el propio SME les hacían competencia.

El gran capital utiliza la crisis para barrer con todas solidaridades y explotar aún más a los obreros. En Estados Unidos, por ejemplo, ahora no hay más de un 7.8 por ciento de sindicalizados (hace cincuentqa años llegaban al 35 por ciento) en la industria, particularmente después de la crisis de la industria del automóvil y de la aeronáutica. La receta en todas partes es la misma: menores salarios reales, peores condiciones de trabajo, menor protección legal, aumento de la edad para las jubilaciones y de los ritmos de trabajo. Esa receta en México es particularmente criminal dado que el país ha tenido una caída del 9 por ciento en su Producto Interno Bruto y dada la enorme tasa de desocupación y el hecho de que más de la mitad de la Población Económicamente Activa está por debajo del nivel de pobreza. El gobierno tiene tanta conciencia de que un trabajador del SME jamás volverá a encontrar un trabajo permanente y en un año se comerá la indemnización que le corresponde por ley que les ofrece nada menos que cursos de inglés, se supone para que emigren a Estados Unidos.

Esta es pues una lucha decisiva. Si aplastan al SME, en México imperará una dictadura, apoyada en la coerción mediante las fuerzas armadas y aumentarán la violencia, el narcotráfico, la delincuencia. Por eso 350 mil personas desfilaron en la capital en apoyo al SME y en todos los estados del país se está organizando la lucha y uniéndola a otros combates democráticos, sindicales, sociales. Pero aún hay que construir y reforzar un gran Frente único Obrero, Campesino y Popular, en defensa de las empresas que son vitales para el desarrollo nacional, por los derechos democráticos y legales, por la estabilidad en los empleos y la eliminación de los impuestazos al consumo de alimentos y medicinas y a los salarios y por la anulación de la liquidación de Luz y Fuerza del Centro, que implica la destrucción del SME. Éste ha recibido ya mensajes solidarios de todos los sindicatos del mundo. Agregamos nuestra solidaridad y llamamos a los lectores a expresar la suya enviando mensajes a las representaciones mexicanas en sus países y ciudades respectivos. ¡La ofensiva de Calderón se debe romper los dientes contra el muro de la protesta mundial!   

Guillermo Almeyra 20-10-2009

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