Rivales, alternativos, aliados

8 de Septiembre de 2009 | Por Carlos Abel Suarez | Categoría: Destacados

Por Guillermo Almeyra
No faltan quienes creen que China (o Europa) está disputando la hegemonía a
Estados Unidos e, incluso, los que opinan que este país es el sostén del
capitalismo y que, por lo tanto, todo enfrentamiento con él es un golpe al
sistema. Por supuesto, éste está constituido por múltiples capitalismos,
resultantes de diferentes relaciones de fuerzas sociales locales y de diferentes
densidades histórico-culturales, y no hay ni nunca hubo un bloque único
reaccionario”. Pero una cosa es ver las contradicciones internas que presenta el
capitalismo, las disputas por los mercados entre los diferentes grupos (y las
duras manifestaciones estatales de esa disputa) y otra es creer que dichas
contradicciones internas, por sí mismas, van a llevar a la implosión del sistema
o, cuando menos, a su profunda modificación y suponer además que la hegemonía es
sólo técnica, o comercial, o militar. Porque el capitalismo no es sólo
explotación del trabajo ajeno sino también alienación, enajenación de sus
víctimas, y dominación imponiendo una ideología, valores, relaciones de mando y
obediencia no sólo con la violencia militar o policial sino sobre todo mediante
la educación sesgada, la cultura adulterada, la industria del entretenimiento
envenenada, la difusión de una cultura material hedonista, egoísta,
antisolidaria, violenta.
Creer que China disputa a Estados Unidos la hegemonía es, por eso, una tontería.
La economía estadunidense no sobreviviría un día si China no acumulase dólares
sosteniendo así la moneda verde, no comprase los devaluados bonos del Tesoro
dándole crédito al imperialismo estadunidense, se opusiese a la política de
Washington en escala mundial en vez de compartirla. Creer que China figura en un
inexistente “campo anticapitalista” o “no capitalista” o, peor aún,
”socialista”, es olvidar que ese país le dio nuevo oxígeno al capitalismo
mundial, es la tierra de elección para las inversiones de las trasnacionales,
difunde y desarrolla los valores y la ideología capitalista en una población que
equivale al cuarto de la Humanidad, está dirigido por un partido del cual pueden
formar parte los millonarios (que hacen sus millones explotando a “sus”
trabajadores que carecen incluso de derechos sindicales). Pensar que China
modificará a fondo el capitalismo mundial es ignorar que es éste el que está
modificando a fondo a China. En efecto, por primera vez en su historia
milenaria, los chinos, que entonces gozaban de una civilización y organización
superiores, no absorben en su cultura a los conquistadores sino que comienzan a
absorber masivamente la cultura capitalista y el american way of life, los
modelos de consumo estadunidenses, en un proceso que se apoya en el doble
conservadurismo de las tradiciones de Confucio y de las del comunismo
estalinista-maoísta. Por supuesto, ese capitalismo no es exactamente igual al de
sus modelos y promotores extranjeros y está “abollado” aquí y allá por la
cultura y las tradiciones chinas. Pero, cualquiera sea su ropaje, capitalismo
es.Naturalmente, hay capitalismos donde las relaciones de fuerza son más
favorables para las víctimas del sistema y para su autorganización, la
autogestión, su educación, tales como los capitalismos de Estado de países
dependientes que luchan por su liberación nacional utilizando y modificando el
aparato estatal mientras en ellos susbsisten relaciones sociales capitalistas y
una dependencia profunda del mercado capitalista mundial. Obviamente, es
necesario y legítimo utilizar las contradicciones entre los diversos países
capitalistas, entre las diversas empresas trasnacionales, entre los diversos
grupos y amalgamas sociales que luchan por predominar en el seno del capitalismo
en cada país, y es igualmente legítimo –en determinadas condiciones– llegar a
acuerdos puntuales con algunos de esos grupos pero a condición de jamás
presentarlos como aliados estratégicos. No se debe abandonar jamás la necesidad
de difundir valores contrahegemómicos, solidarios.
Hoy la hegemonía del capitalismo es indiscutida y su ideología penetra
profundamente incluso en los sectores que se dan el objetivo de construir un
socialismo democrático, del “siglo XXI” (frase que no quiere decir nada y que
demuestra cuál es el grado actual de nebulosidad del pensamiento alternativo al
capitalismo). Por eso el capitalismo mundial está saliendo de esta crisis
económico-financiera a costa de nuevos desastres sociales (mayor desocupación,
más hambrunas, menos solidaridad, menos sindicatos, mayor concentración de la
riqueza y del poder). O sea, de la barbarie y la destrucción ambiental.
Los procesos de liberación son, por fuerza, locales, nacionales, y se dan
utilizando incluso las contradicciones en las clases dominantes y entre éstas y
el capital financiero internacional, o sea metiéndose en las grietas de los
dominadores. Pero, para que se produzca un cambio social, hay que cambiar las
relaciones de fuerza entre opresores y oprimidos, hay que hacer que éstos
entiendan el proceso mediante el cual son explotados y oprimidos y no consideren
que sólo depende de la mala suerte o del destino. Es necesario hacerles conocer
su historia (es decir, hacer un balance del pasado y de las derrotas y
convencerlos de que hay una salida no capitalista a las cada vez peores crisis
del capitalismo). Si no se hace colectivamente un balance del pasado y
colectivamente no se construyen las grandes líneas del proyecto futuro, en
efecto otro mundo resultará posible. Pero será el de la barbarie
creciente.
La Jornada 3-9-2009

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