Honduras: primera crisis latinoamericana en la era Obama

29 de Julio de 2009 | Por Carlos Abel Suarez | Categoría: Destacados

Por Emir Sader

Los que tenian evaluaciones reduccionistas, asimilando Obama a Bush, tienen que reevaluar de inmediato sus visiones equivocadas. Bastó el golpe en Honduras - la primera gran crisis latinoameriana desde que empezó el gobierno de Obama - para que se viera cómo EUA recupera capacidad de acción en un continente donde la había perdido casi del todo con Bush.

Éste seguramente no habría condenado al golpe, menos todavía presionado a los golpistas para que aceptaran el retorno del presidente depuesto – el golpe en Venezuela lo certifica. Pero E. U. lo hace en un marco en que los gobiernos latinoamericanos, que habían logrado dirimir por sí solos conflictos anteriores – como fue el caso del ocurrido entre Ecuador y Colombia, a raíz de la invasión por el gobierno Uribe de territorio ecuatoriano y en la reunión realizada en República Dominicana, donde Colombia y Venezuela también habían retomado relaciones normales, ahora perturbadas por la nueva ola de denuncias irresponsables de Uribe, – se ven ahora apartados de la solución de la crisis hondureña. La existencia de Unasur, con un Consejo de Seguridad Sulamericano donde, por primera vez, no está EUA, que se limita a mandar su flota, como para demostrar que sus armas son otras que las políticas, revela cómo el continente tiene sus formas propias de zanjar sus problemas y sus crisis.

Aun con ese poder de iniciativa, América Latina cometió el error de aceptar la intermediación de Oscar Arias, no por casualidaed propuesta por Hillary Clinton, que representa el ala más conservadora del nuevo gobierno de los EUA. Aun contando con una unánime condena internacional al golpe y un apoyo igualmente unánime al retorno de Zelaya al gobierno, el movimiento dirigido por el presidente hondureño aceptó la intermediación de Arias que, si bien lo recibió cuando fue expulsado por los militares de su país, además de haber intermediado los acuerdos de Contadora – que le valieron el Premio Nobel de la Paz -, retornó a la política costarricense para implementar el Tratado de Libre Comercio con EUA. Tuvo entonces grandes dificultades para triunfar por muy pequeño margen en las elecciones, tanto es así que fue obligado a convocar un referendo sobre el TLC, donde también triunfó por un margen muy pequeño. Arias es el hombre de EUA en la región, cuando otros gobiernos, como los de Nicaragua, de El Salvador y de Honduras, se distancian de Washington.

Arias se comportó exactamente como querían los EUA. Promovió un reconocimiento de hecho del gobierno golpista, poniendo las dos partes a negociar como si tuvieran estatutos similares. Planteó en primer lugar la condición de que Zelaya retorne a la presidencia, pero renunciando a cualquier iniciativa propia, haciendo que termine el mandato simplemente para mantener la continuidad, institucional, como si ésta no hubiera sido claramente rota. Ni siquiera se castigaría a ningún golpista, al contrario de lo anunciado por Zelaya, que pretende sancionar a los militares que han perpetrado el golpe. Se terminaría el mandato, sin pena ni gloria, y como Zelaya perdió las elecciones internas del partido al que todavía pertenece, no concurriría con ninguna alternativa que permitiría que el pueblo se pronunciara sobre su gobierno.

Micheletti juega con la continuidad hasta que el nuevo gobierno sea elegido. La importante decisión de los presidentes del Mercosur afirma que no reconocerá a ningún gobierno que reciba la presidencia del gobierno surgido del golpe. Debiera ser una posición asumida por todos los que condenan al golpe.

Frente a la resistencia de éste de devolver la presidencia a Zelaya, EUA pasaron a jugar una alternativa, que es la de que las FFAA acepten las condiciones propuestas por Arias. Se noticia que la declaración de los altos mandos militares hondureños fue redactada en Washington, en la oficina de un senador demócrata, para terminar de confirmar que el gobierno Obama busca de todas formas salvar la apariencia de institucionalidad, como si no hubiera habido ya una ruptura de la institucionalidad democrática que impide que Zelaya gobierne y que someta a su pueblo una alternativa de continuidad política fuera de las oligarquías que han dominado siempre el país y que son responsables porque éste sea uno de los más pobres del continente.

Así, tampoco se puede aceptar que Zelaya asuma simplemente para concluir el mandato, como si nada hubiera pasado – es decir, sin sin el castigo de los golpistas, entre ellos los altos mandos de las FFAA, la alta cúpula del Judiciario, los políticos y dirigentes de los dos partidos tradicionales -, ni que el pueblo pueda pronunciarse sobre el gobierno de Zelaya, que debiera poder lanzar un candidato que represente la continuidad de su gobierno por alguno de los partidos alternativos.

El retorno de Zelaya para solamente cumplir su mandato seria la victoria de la posición de EUA, salvando las apariencias, apareciendo como condenando al golpe, sin castigar a los golpistas, haciendo con que se cumplan las semanas que faltan del mandato de Zelaya, que se retiraría del gobierno y se terminaría su gobierno y las alternativas que empezaba a construir para Honduras.

Hace tiempo, desde el golpe en Venezuela, las ofensivas contra los gobiernos de Lula, de Evo Morales, de Cristina Kirchner, muestran que la derecha intenta frenar la ola de gobiernos que salen del consenso neoliberal que los conservadores, apoyados por EUA, han impuesto en el continente. En el caso de que logren ese golpe blanco en Honduras, habrían encontrado una vía sui generis, sin victoria electoral y sin ensuciar sus manos directamente en un golpe. Sería la primera victoria del gobierno Obama en el continente, en el momento en que las posturas bushistas de Uribe amenazan colocar situaciones muy difíciles para el nuevo gobierno estadunidense, haciendo retroceder al escenario de aislamiento total en la región, cuando Colombia era su gran aliado.

Los gobiernos que han condenado el golpe en Honduras, que han construido Unasur y el Consejo Sulamericano de Defensa, tienen que hacerse responsables por una solución democrática para la crisis hondureña, al igual que deben hacer cargo de los conflictos que rebrotar entre Colombia y sus vecinos, para parar definitivamente los chantajes de Uribe, que sirven apenas pare cubrir su proyecto de instalación formal y abierta de una base militar de Estados Unidos en su país. Lo cual, además choca con la pertenencia al Consejo Sulamericano de Defensa, que debería reunirse para exigir una declaración formal del gobierno colombiano de que no violará los acuerdos del Consejo.

O América Latina se hace cargo de sus problemas y de su destino, definitivamente, o el imperio, bajo una u otra forma, volverá a dictar las cartas en la región que más ha avanzado en el mundo en los procesos de integración regional y de construcción de alternativas al modelo neoliberal.

25-7-2009

Deje su comentario