Entrevista a Emir Sader, secretario Ejecutivo de Clacso

5 de Mayo de 2009 | Por Carlos Abel Suarez | Categoría: Debate

 “América latina tendría que regular el sistema financiero y fortalecer su mercado interno”

 

Por Sebastián Premici

El filósofo y politólogo Emir Sader analizó ante Página/12 el posicionamiento de

América latina frente a la crisis económica mundial. Para el secretario

ejecutivo de Clacso, los países del Sur todavía no están preparados para ofrecer

soluciones colectivas a la crisis, algo que se vio en la última reunión del

G-20. Sader abogó por un proteccionismo regional para potenciar el consumo

interno, política que debería complementarse con la creación de una moneda común

para la región. En este proceso, considera necesaria la integración de Venezuela

al Mercosur. Desde el plano político, aseguró que el conflicto entre el Gobierno

y las entidades agropecuarias dejó al desnudo a la “nueva derecha” de la

Argentina. También defendió la designación por parte del Estado de directores en

las empresas privadas.

–¿Cuál es su visión sobre las relaciones de poder entre los agentes económicos

de América latina como consecuencia de la eclosión de la crisis económica

mundial?

–Esta es una crisis de superproducción o subconsumo, con la característica

actual que la desregulación neoliberal promovió una fenomenal transferencia de

capitales del sector productivo al financiero. Desde el “Manifiesto Comunista”

es conocida la tesis del subconsumo, donde se conjuga el potencial capitalista

para producir con la incapacidad para redistribuir renta para el consumo. Esto

es un movimiento histórico del capitalismo. Más del 90 por ciento de los

intercambios comerciales del mundo no involucran bienes sino papeles. Se creó un

sistema totalmente especulativo, con el sistema financiero a la cabeza. Por lo

tanto, era lógico que la crisis surgiera del sector financiero, que impuso

formas ficticias de consumo. La novedad es que la crisis se dio en el centro del

capitalismo, la segunda novedad es que el Estado volvió a ser un agente

económico y la tercera es que la crisis resulta una oportunidad para los

globalizados. Con las diferentes cumbres mundiales, los Estados nacionales

vuelven a ser protagonistas del concierto internacional. Sin embargo, el sur del

mundo fue a la reunión del G-20 desarticulado, sin una propuesta propia.

–¿Por qué cree que hubo una desarticulación en los países del Sur?

–América del Sur reaccionó a la crisis de manera diversificada, en vez de

proponer la cohesión. Por ejemplo, el Banco del Sur no se propuso la

implementación de una moneda única en la región. Esto sólo lo pensó el ALBA

(Alternativa Bolivariana para los pueblos de América), con el Sistema único de

Compensación Regional –Sucre– pero de una manera muy pequeña. Por su parte,

Argentina reaccionó con el proteccionismo nacional mientras que Brasil arremetió

con el libre comercio. Si prosperaran ambas ideas por separado, se produciría el

debilitamiento regional. Por suerte ahora resurgió la idea de un proteccionismo

regional para fortalecer el mercado de consumo interno. Sin embargo, América del

Sur todavía no está preparada para ofrecer soluciones colectivas.

–En este contexto, ¿cree que hay una puja política entre Brasil y Venezuela para

ver quién dirige la integración económica de la región?

–La línea divisoria en América latina no es entre izquierda buena e izquierda

mala. Si Lula peleara con Hugo Chávez, perderían los dos y la región también. La

línea divisoria debe ser entre los que están a favor de los tratados de libre

comercio y los que están a favor de la integración regional. La Unasur, por

ejemplo, agrupa algunos países que están por el libre comercio, por lo tanto no

pueden integrarse económicamente ya que están en otra sintonía política. Chile

tiene el 70 por ciento de su exportación volcada hacia Estados Unidos. Si bien

la Unasur viene ganando peso geopolítico, no puede ser un acuerdo económico. Por

lo tanto, el ámbito natural para la integración económica es el Mercosur. El

freno al ingreso pleno de Venezuela retrasa la integración, ya que Chávez tiene

propuestas en el área energética, sociales, políticas y en las comunicaciones.

–¿El Mercosur debería avanzar hacia una moneda común?

–Una moneda única en la región presionaría para la creación de un Banco Central

único y para que haya convergencia en la política económica. Rafael Correa

(presidente de Ecuador) dijo que está dispuesto a abandonar el dólar pero que no

puede volver al viejo Sucre. Si América latina quisiera salir mejor parada de la

crisis, tendría que regular el sistema financiero y fortalecer su mercado

interno. Es en este contexto donde se hace cada vez más relevante contar con una

moneda regional. Además, este tema es planteado muy fuertemente por Rusia y

China, sobre todo por el carácter falso de la moneda norteamericana. Estados

Unidos está preparando una burbuja alrededor del dólar, fabricando moneda que no

tiene respaldo. Por eso no tiene sentido que el Banco del Sur deposite reservas

en dólares ni en bancos norteamericanos.

–Como reacción ante la crisis, Europa está apostando al proteccionismo social,

despidiendo y persiguiendo a los trabajadores inmigrantes. Hay una

profundización de la derecha. ¿Cree posible que en América latina se dé un giro

hacia el conservadurismo, como consecuencia de la crisis?

–Todas las analogías con la crisis del 29 son mecánicas. En un seminario de

economistas que se realizó en Cuba muchos decían que ahora se vendrían guerras.

¿¡Pero guerras de qué y contra quién!? Algunos análisis son muy lineales. En

Europa se vienen dando gobiernos conservadores mucho antes de la actual crisis

económica. El único caso donde se dio la caída de un gobierno conservador fue

Islandia, que casi no existe. Pero en un momento de crisis como el actual, puede

aparecer cierta desconfianza hacia las políticas de mercado para generar

mecanismos de protección social y del empleo. Aun los más conservadores tratan

de limitarse a los modelos clásicos, como Alemania y Francia. En América latina,

el nacionalismo tiene signos diferentes que al de Europa. En el Viejo Continente

el nacionalismo fue de derecha. En cambio, el proteccionismo del sur tiene un

instinto progresista. Ahora, si el proteccionismo atenta contra la integración

regional, debilitará a los países. Por eso insisto con que la alternativa es la

protección regional.

–En relación al giro hacia la derecha en América latina, puede verse en Santa

Cruz de la Sierra en Bolivia o en Guayaquil de Ecuador, intentos para dividir a

la región y que las zonas ricas sean las únicas que usufructúen los recursos

naturales. También ocurrió en Argentina a raíz del conflicto con el sector

agropecuario.

–No creo que en Bolivia se dé la separación como piden los santacruceños.

Amenazan con esa posibilidad para que la reforma agraria no llegue a sus tierras

y para que el Estado no se apropie más de los derechos de exportación del gas.

Ellos cobraban un 18 por ciento y Evo un 84 por ciento. En Argentina, los que

representaron los intereses del campo en el conflicto del año pasado son la

nueva derecha. Se equivocaron tanto los que decían que no hubo contradicciones

interburguesas en el conflicto, como aquellos que apoyaron a los pequeños

productores, que estaban metidos en el medio del conflicto pero hegemonizados

por el gran capital agrario exportador de los agronegocios, que es claramente la

cara de la derecha política, social y económica. Y que además contó con la ayuda

del frente de la prensa de oposición. No hay cómo engañarse, eran bloques

políticos muy claramente identificables. Otra cosa fueron los errores del

Gobierno que permitió que los pequeños productores fueran hegemonizados por los

grandes agentes económicos. No existió, ni existe, ninguna justificación para

aquellos sectores que se dicen de izquierda pero que apoyaron a las entidades

agropecuarias. Esa fue la cara de la derecha, que sirvió para despertar la

reacción de la clase media blanca de los centros urbanos.

–La clase media blanca que usted caracterizó fue el sustento social de la

oposición agroexportadora (formada tanto por las entidades como los partidos

políticos opuestos al kirchnerismo). ¿Cómo imagina el escenario electoral para

2011?

–Todas las elecciones en América latina son parecidas. Hay un bloque de derecha,

con toda la prensa a favor de ellos. Pero el pueblo aparece votando a favor de

las políticas sociales. Cuando Lula resultó reelecto, un periodista en Brasil

dijo que el pueblo había votado contra la opinión pública. Los medios fabrican

la opinión pública y la creen pero el pueblo no respeta esa opinión, blanca y

cristiana. Aquí las fronteras entre derecha e izquierda dentro del peronismo son

menos definibles. Por razones oportunistas, muchos menemistas se aliaron con

Kirchner. El peronismo, a través de Menem, llevó a cabo el neoliberalismo. Y no

hubo rechazo de izquierda. Actualmente hay un bloque de derecha y otro de

izquierda, ambos articulados alrededor del Gobierno. En nuestro caso, el Estado

en Brasil significa Petrobras. Lula perdió el control del aparato estatal. Los

sectores de izquierda se equivocan, mientras que la derecha nunca se equivoca,

porque sabe cuál es su enemigo y los intereses económicos que están en juego.

–El nombramiento de directores por parte del Estado argentino en algunas

empresas privadas, y de servicios públicos, luego de la estatización de las

AFJP, ¿es una forma para evitar que al Gobierno se le escape de las manos el

manejo del Estado, como ocurrió en Brasil?

–Es una novedad. Si el Estado tiene derechos, ¿por qué no los va a ejercer? El

Estado argentino fue mucho más privatizado que el brasileño. Por eso la

estatización de las AFJP fue una medida interesante, correcta desde lo económico

y lo político. La medida tendría que haber tenido el apoyo de toda la izquierda,

más allá de que ahora se demande que los trabajadores de ese sector queden

amparados.  

 

“América latina tendría que regular el sistema financiero y fortalecer su

mercado interno”, afirmó Sader.

Página 12 4-5-2009

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