El Salvador: otro anillo de la cadena que cae hecho pedazos

20 de Marzo de 2009 | Por Carlos Abel Suarez | Categoría: Destacados

El Salvador, desde la masacre de millares de campesinos en 1932, siempre fue “un aliado fiel” de Washington. Este armó, entrenó y sostuvo militarmente a la derecha salvadoreña, con su mayor D’Aubuisson y sus escuadrones de la muerte, durante la lucha contra las guerrillas. Los gobiernos del partido de esa extrema derecha -.Arena- firmaron un oneroso Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos que destruyó la pequeña industria y la agricultura campesina y forzó a emigrar a casi la mitad de la fuerza de trabajo del país y, además El Salvador mandó soldados a Irak y votó obediente y servilmente con Estados Unidos en la ONU. De ahí la importancia del triunfo electoral del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, victoria que hubiera sido más amplia si buena parte del electorado natural del mismo no estuviese en Estados Unidos ganándose la vida.

El FMLN hereda todo el aparato del Estado formado durante 20 años por la CIA y el Pentágono y compuesto por la gente de la derecha. No tendrá así ni mayoría en el Parlamento ni una justicia y fuerzas de seguridad confiables y, desde el primer día, desde sus trincheras en el aparato estatal, la derecha buscará desestabilizar y derribar al gobierno que triunfó en las urnas si éste no se asienta y fortalece en la movilización social. Pero la existencia del gobierno del FMLN acaba de asestar un duro golpe  al Plan Puebla Panamá mediante el cual Estados Unidos, con México como faldero, buscaba hacer un corredor logístico y de alianzas desde su territorio hasta Colombia para empalmar con el Plan Colombia que amenaza a Ecuador, Venezuela y Brasil así como a los recursos de la Amazonia. También ayuda a romper el anterior aislamiento de Cuba, que El Salvador reconocerá y a destruir la aventura iraquí, porque el país retirará sus tropas que están en Irak en calidad de mercenarias.

Las políticas neoliberales arrasaron el país y lo despoblaron de sus jóvenes; además, provocaron la gigantesca crisis mundial que hace que los salvadoreños emigrados se vean obligados a reducir sus remesas (las cuales representan un  quinto del Producto Bruto Interno de El Salvador). El FMLN, por lo tanto, con el aparato estatal, la burguesía (que es extranjera o está ligada a las transnacionales y que tiene mentalidad de guerra civil) y los medios de información ferozmente en contra y, además en una profunda crisis económica mundial y local, no tiene otra alternativa que rendirse, traicionando las esperanzas de quienes lo votaron persiguiendo un cambio social o, por el contrario, avanzar audazmente contra viento y marea y convertir su éxito electoral en una victoria política y social movilizando y organizando a trabajadores, desocupados, campesinos, estudiantes, intelectuales progresistas contra la derecha y contra el capitalismo para cambiar la justicia y las leyes, asegurar la autodefensa contra las bandas de los maras y la derecha, recuperar los recursos hídricos, reorganizar una agricultura campesina.

En medio de una terrible crisis mundial, El Salvador no puede, en este momento, abandonar el dólar, que le fue impuesto como moneda pero puede hacer acuerdos de complementación con los otros países centroamericanos (Honduras, Nicaragua, Guatemala) que tienen gobiernos que tratan de romper las cadenas que los subordinan a la dominación estadounidense y buscar, además, apoyos en el ALBA y en el resto de América Latina e inversiones de China, que está presente con fuerza en Panamá. El Istmo centroamericano puede y debe dejar de ser colonia de Estados Unidos y el Caribe lago estadounidense, si se aprovecha la crisis como oportunidad para buscar una alternativa anticapitalista. En ese sentido sería suicida perseverar por la vía enunciada por el nuevo presidente, Mauricio Funes, para tratar de afirmar su gobierno. No es posible la unidad nacional con una burguesía pro imperialista y asesina, manchada de sangre aún fresca ni un gobierno con Arena, que es neoliberal cuando hay que acabar con  las secuelas de la política de Friedman y Hayek  traducida al criollo. Lo lógico sería convocar algo así como los Estados Generales de la sociedad  para que todos, incluidos los emigrantes, discutan cómo reorganizar el país o convocar una Asamblea Constituyente que lo vuelva a fundar pero sobre bases soberanas, antiimperialistas, de profunda justicia social. La vía que se adopte en estos primeros meses será decisiva porque todo depende de despertar el entusiasmo de los salvadoreños que buscan un cambio.

G.A. 19-3-2009

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