Navidad en Villa Constitución

2 de Enero de 2009 | Por Carlos Abel Suarez | Categoría: Sociedad y Justicia

La lucha de los obreros de Paraná Metal

Por Osvaldo Flores

Falta una hora para la medianoche. Unos pibes corretean detrás de una pelota de plástico, un par de metalúrgicos devenidos en asadores arriman brasas a una parrilla donde empieza a tomar color una vaquillona donada por el intendente, un grupo de mujeres prepara ensaladas, otros acarrean sillas que alinean en las largas mesas tendidas casi a pleno campo. Parece un festejo navideño más, pero lejos está de serlo.

Los improvisados mozos recorren las mesas donde casi 200 operarios suspendidos con sus familias —de los 1.200 afectados por la grave medida empresarial— decidieron pasar acaso la Nochebuena más tristes de sus vidas. No hay vino ni gritos de celebración. Rostros serios y diálogos en voz baja pintan la dura realidad que atraviesan.

Triste Navidad.El pedido de “un aplauso para los asadores y los mozos” intenta romper la tristeza, pero es sólo por un momento. Junto al inmenso cartel que indica el ingreso a Paraná Metal, un arbolito de Navidad instalado por la empresa y formado con luces de colores titila sin alma.

“Lo que más duele es que nos quieren quitar la dignidad de pasar una Navidad con las familias, en nuestros hogares. Nos quieren sacar la dignidad de programar nuestras fiestas, las vacaciones o el regalo que hoy nuestros hijos no tendrán”, se entristece Claudio, sin abandonar por un segundo su puesto de encargado del improvisado almacén donde se juntan las donaciones.

A su lado, Ramona Chávez asiente con lágrimas en los ojos. Ramona es esposa y madre de operarios suspendidos, y al frente de otras madres, esposas, hermanas y novias se convirtió en todo un símbolo de las mujeres que luchan junto a sus hombres.

“Estar aquí en la carpa, con los compañeros y sus familias es algo distinto. Nos gustaría que la gente tomara real conciencia de lo que nos pasa. Comer vamos a comer, pero es distinto, muy difícil”, se emociona Ramona.  
 
“Desde mi casa hasta aquí vine llorando, porque no seLágrimas y fuerza. puede creer que esto nos esté pasando a nosotros. Fuerza y esperanza es lo que nos sobra, y junto al valor y a la unidad tenemos todo para seguir soportando esta lucha que no sabemos hasta cuándo durará”, dice. Toda esa esperanza que resume Ramona se basa en las últimas novedades sobre el conflicto, noticias que el tesorero de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), Carlos Vázquez, no se cansa de repetir mesa por mesa, compañero por compañero.  
“Tenemos 30 días por
delante para seguir peleando por reabrir la planta. Se está hablando de la llegada de un gran inversor, y a partir del 15 de enero, fecha prevista para el retome de las actividades, Carlos Leoni, un socio minoritario, se haría cargo del directorio, que también tendría nuevos directores”, adelanta Vázquez.  
 
Dicen que las nuevas inversiones vendrían desde el grupoInversiones. Techint, pero el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, todavía no ha confirmado la identidad del inversor. “Nos dijo que va a haber inversiones, pero que aún no está en condiciones de decir de dónde vendrán”, se esperanza un grupo de mujeres, mientras piden especialmente “una foto para que los patrones vean cómo pasamos la Navidad”.  
Apoyado sobre un árbol, un cartel escrito
con tiza sintetiza el pedido general a un Papá Noel que este año parece haberse olvidado de pasar por este pequeño lugar en el mundo: “Nosotros lo único que te pedimos es lo que nos corresponde: quincena, vacaciones y aguinaldo. Muchas gracias”.  
Las bombas y los fuegos artificiales iluminan el cielo de toda
la ciudad mientras el secretario adjunto de la UOM, Juan Actis, se prepara para el brindis de Nochebuena: “Estamos pasando momentos muy duros, pero esta unidad de todos los compañeros nos llevará al triunfo. Hasta la victoria final, salud compañeros”, levanta su copa el gremialista.  
 
“Le pedimos al Niño Dios que esta sea la última Nochebuena que alguien tenga que pasar así. Tenemos toda la confianza y la esperanza en el futuro, pero este momento no deja de ser muy duro”, coinciden dos familias que comparten la gran mesa metalúrgica.  
Las plegarias y los deseos se funden en miradas esperanzadas hacia el
cielo, ya definitivamente teñido de todos colores. Los pibes se fueron de las mesas y siguen correteando tras una pelota de plástico. El arbolito de Paraná Metal continúa titilando sin alma. Las bombas y las sirenas indican que son las 12. Es Navidad. 

Fuente: Diario La Capital, Rosario, 26-12-2008

 

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